LOS REFUGIADOS COLOMBIANOS Y SU INTEGRACION A LA SOCIEDAD DE
ACOGIDA:
El caso de la ciudad de Sherbrooke, en Québec
COLOMBIAN REFUGEES AND THEIR INTEGRATION TO THE HOST SOCIETY:
The case of Colombian refugees in the city of Sherbrooke-Canada
Enoin Humanez Blanquicett y Reina Victoria Vega Vega
Resumen
El artículo versa sobre la integración a la sociedad quebequense de los refugiados colombianos relocalizados en la ciudad de Sherbrooke. El objetivo del estudio es reconstruir la historia de la comunidad colombiana de Sherbrooke e identificar las estrategias adoptadas por sus miembros para facilitar su integración a la sociedad de acogida. La perspectiva metodológica privilegiada es de tipo étnico-socio-histórico-lingüística y el método utilizado es el estudio de caso. La aparición de la comunidad colombiana en la ciudad de Sherbrooke se dio dentro del marco del programa humanitario, implementado por las Naciones unidas para atenuar los impactos del conflicto armado sobre la población civil, en Colombia, al final de la década de 1990. La organización comunitaria resultó ser la estrategia más eficaz en la integración a la sociedad de acogida.
Palabras clave: comunidad colombiana, estudio de caso, migración, refugiados, sociedad de acogida, integración.
Abstract
The article deals with the process of integration into Quebec society of Colombian refugees, relocated to the city of Sherbrooke. This process took place within the framework of the humanitarian program launched by the United Nations, to mitigate the impacts of the armed conflict on the civil population. The study analyzes the experience of community intervention and cultural revitalization launched by a community organization of an ethnic nature: The cultural association of Colombians in the Estrie, in the early 2000s. The objectives of the study are: to reconstruct the history of the Colombian community of Sherbrooke and to identify the strategies adopted by its members to facilitate their integration. The main sources of documentation used in the research were participatory observation and personal testimony.
Key words: colombian community, case study, migration, refugees, host society, integration.
INTRODUCCIÓN
La correspondencia diplomática, disponible en el Archivo Nacional de Colombia, nos revela que la presencia significativa de colombianos en Canadá comenzó a mediados de la segunda década del siglo XX. En ese momento se inició un flujo migratorio leve, pero continuo, que ha terminado dando origen a la comunidad colombiana en territorio canadiense. La documentación consultada permitió identificar cuatro oleadas migratorias bien definidas: la primera, que va desde la llegada del primer colombiano hasta el año 1972; la segunda, que se extiende entre los años 1973-1996; la tercera, que abarca el período comprendido entre 1997 y 2011; y finalmente la comprendida entre los años 2012 y 2020, momento en que se produce el cierre de las fronteras internacionales por la pandemia del COVID 19.
El arqueo bibliográfico realizado en el marco de la investigación permitió constatar que la comunidad colombiana de Quebec es hoy una de las comunidades inmigrantes más estudiada de esta provincia canadiense, siendo igualmente la comunidad de origen latinoamericano sobre la que se ha producido el mayor número de estudios académicos. La revisión exhaustiva de las bases de datos de las universidades francófonas canadienses permitió establecer la existencia de 30 estudios de carácter científico (tanto en francés como en español), en los que se aborda, desde diferentes perspectivas, la presencia de colombianos en territorio quebequense. Estos 30 estudios han sido realizados por 28 autores; 19 de ellos de origen canadiense o de otras nacionalidades y 8 de origen colombiano. En lo respectivo al tipo de documento, la pesquisa permitió constatar que los colombianos residentes en Quebec han sido objeto de tres tesis doctorales, tres libros, 17 memorias de maestría y siete artículos. Las disciplinas desde donde más se ha abordado el estudio de la presencia colombiana en esta provincia canadiense, han sido la antropología y la sociología, con siete trabajos respectivamente, el trabajo social con cinco y la historia con 3. Igualmente, se hallaron dos estudios en el campo de la psicología, la comunicación y la interdisciplinariedad y uno en el campo de los estudios literarios y lingüísticos. En cuanto a las temáticas objeto de estudio, la presencia colombiana en esta provincia ha sido estudiada desde la perspectiva de las causas migratorias, la integración a la sociedad de acogida, el género, las políticas migratorias, los valores y tradiciones, la reconstrucción de los roles tradicionales y la transformación de estos roles a partir del contacto con la sociedad de acogida, entre otros.
La documentación inventariada permite considerar igualmente que el tema de las dinámicas sociales, relacionadas con el origen de las comunidades colombianas en Québec y su trayectoria histórica, ha sido abordado someramente. La información estadística disponible, los reportes de prensa y las observaciones de terreno permiten considerar que, a acepción de las comunidades colombianas de Montréal, Québec y Saint-Hyacinthe, el origen de las comunidades colombianas en el resto de ciudades quebequenses está ligado a la llegada masiva de refugiados colombianos, en los años finales de la década de 1990 y el primer decenio del siglo XXI. El caso de la comunidad colombiana de Sherbrooke, que es el objeto de este estudio, ilustra fehacientemente dicho fenómeno. La relocalización de refugiados colombianos en dicha ciudad se dio en el marco de un programa de protección a los defensores de derechos humanos en Colombia, implementado por la Organización de las Naciones Unidas (ONU), a mediado de la década de 1990.
El propósito de este estudio es el de reconstruir la trayectoria histórica de la comunidad colombiana de Sherbrooke, a la luz de las medidas humanitarias adoptadas por la ONU, las cuales conllevaron a la relocalización en territorio quebequense de más de 10.000 refugiados, que llegaron huyendo del conflicto armado colombiano, e identificar las estrategias que estos refugiados pusieron en marcha para facilitar su integración a la sociedad de acogida. Las preguntas alrededor de las cuales se ha estructurado la problemática objeto de estudio son: ¿Cuándo llegaron los primeros colombianos a la ciudad de Sherbrooke, en la provincia de Québec? ¿De todos los factores que han motivado la emigración de colombianos a territorio canadiense, cual es el que predomina en el caso de la comunidad colombiana de Sherbrooke? ¿En qué momento llegaron los primeros refugiados de origen colombiano a esta ciudad? ¿Qué rol jugó la comunidad en el proceso de integración de esos refugiados a la sociedad de acogida? La respuesta a estas preguntas se abordará, de cara a los objetivos trazados, en la sección correspondiente a los resultados.
MIGRACIÓN DE COLOMBIANOS HACIA CANADÁ: BALANCE GENERAL DE LAS CAUSAS
Los trabajos de Chaney (1977), Cardona Gutiérrez y Rubiano de Velazquez (1980), Knight (1988); Castro Caycedo (1989), Osorio Ramírez (2008) Humanez (2012) y Maldonado y Vega (2022) permitieron identificar, entre la diversidad de motivos que dieron origen a la emigración masiva de colombianos hacia diferentes partes del mundo, tres factores preponderantes: 1) los factores de naturaleza interna, relacionados con el país de origen (violencia, criminalidad, bajos salarios, elevada tasa de desempleo y sub-empleo, crecimiento permanente de la población e incapacidad del Estado y del aparato productivo para garantizar la integración socio-económica de las nuevas generaciones de trabajadores al mercado laboral); 2) los factores de naturaleza externa, asociados a la sociedad de acogida, que en el caso de Canadá están relacionados con la necesidad de poblar el país y conservar el umbral en materia de crecimiento poblacional para hacerle frente al envejecimiento de la población y satisfacer la necesidad de mano de obra; y 3) los factores de tipo psicosocial o personal.
La información censal nos indica que los colombianos que han emigrado a Canadá se han instalado mayoritariamente en las provincias de Ontario y Québec (Recensement Canada, 2016). En particular, para el caso de la provincia de Québec, los factores que más han contribuido al acrecentamiento del flujo migratorio de colombianos hacia la provincia tienen que ver con la reforma a la ley de inmigración canadiense; las políticas de acogida a refugiados; y el rol jugado por las redes y cadenas migratorias, articuladas por los colombianos instalados en territorio quebequense, así como por sus familiares y amigos en Colombia, las cuales han facilitado la emigración de personas interesadas en relocalizarse en Canadá. Los aspectos anteriormente mencionados han desencadenado —y dinamizado— las cuatro oleadas migratorias que han dado origen a las comunidades colombianas a nivel provincial.
Primera ola: descendientes de diplomáticos, trabajadores domésticos, aventureros y matrimonios mixtos
Antes de 1950, el flujo migratorio de colombianos hacia Québec fue realmente mínimo (Humanez, 2012). La correspondencia diplomática permitió establecer que el establecimiento de la primera persona de nacionalidad colombiana en la provincia de Québec se produjo en los albores de la década de 1930. Se trata de la señora Manolita del Vayo, que llegó a Montreal luego de contraer matrimonio con un ingeniero inglés, que trabajaba en Colombia para una compañía petrolera estadounidense. La documentación diplomática y las entrevistas a personas que llegaron antes del año 1970 permiten considerar que los primeros colombianos que se establecieron en la provincia de Québec fueron diplomáticos retirados, hijos de diplomáticos que llegaron a la edad adulta durante el periodo en que sus padres ejercían el cargo, aventureros, estudiantes que se quedaron en Canadá al final de sus estudios y personas que contrajeron matrimonio con quebequenses.
En lo que concierne a su consolidación, la información estadística indica que el flujo migratorio colombo-quebequense comienza a ser notorio en los primeros años de la década de 1960 (Mata, 1985; Knight, 1988; Humanez, 2012). Analizado desde la perspectiva de la historia colombiana, el fenómeno se inscribe dentro de las dinámicas sociales que marcaron el lapso comprendido entre 1950 y 1970, que corresponde al periodo de la violencia y el Frente Nacional, en Colombia. Durante ese periodo las migraciones campo-ciudad se intensificaron (Torales, 1979; Martínez Gómez, 2006). Igualmente, la migración fronteriza comenzó a tomar vuelo, particularmente en el marco de un flujo migratorio que llevó a una gran cantidad de colombianos a instalarse en territorio venezolano (Bidegain y Freitez, 1989; Pellegrino, 2003; Maldonado y Vega, 2022). La intensa movilidad interna de la población colombiana durante esos 20 años y el aumento de las migraciones fronterizas contribuyeron a impulsar el auge de una migración de tipo continental, en la década de 1960, que dio origen a un flujo de migración masiva de colombianos hacia América del Norte, particularmente hacia los Estados Unidos, por la vía de México y las Antillas (Chaney, 1977; Cardona Gutiérrez, 1980; Castro Caicedo, 1989). La llegada de un alto número de colombianos sin papeles a los Estados Unidos y la modificación de las leyes migratorias canadienses contribuyeron a que un número reducido de colombianos decidiera re-migrar de la ciudad de Nueva York, particularmente a la ciudad de Montreal, en Québec. Esto hace que gran parte de la migración de colombianos hacia territorio quebequense, durante este periodo, deba ser considerada como una migración de tipo circunstancial, ligada al flujo migratorio de colombianos hacia los Estados Unidos (Humanez, 2012). Al final de dicho periodo llegaron igualmente los primeros trabajadores colombianos, reclutados en Colombia por las compañías canadienses del sector textil (Knight, 1988 y Humanez, 2012).
Segunda ola: trabajadores del sector textil, obreros no calificados, y reunificación familiar
El periodo comprendido entre los años 1973 y 1996 es un periodo caracterizado en Colombia por el retorno de la democracia formal, centrada en la competición electoral; el auge de los movimientos guerrilleros; la aparición de grandes carteles mafiosos dedicados al tráfico de drogas, principalmente hacia Norteamérica; el ascenso del paramilitarismo; y la adopción de un nuevo ordenamiento constitucional, en el marco de una asamblea nacional constituyente. Al final de este periodo, por causa de una ola de violencia de carácter multifactorial la población colombiana registró uno de los más intensos periodos de movilidad territorial en toda la historia nacional, que habría llevado a más de un millón de colombianos a exiliarse en el exterior por causa del conflicto armado (Redacción Blu Radio, 2017; Banchon, 2018; Maldonado y Vega, 2022). En lo que concierne a Canadá, al final de la década de 1960, este país reformó sus leyes migratorias y abrió sus fronteras a los inmigrantes provenientes de lugares diferentes a Europa, lo que condujo a la intensificación de la llegada de inmigrantes procedentes de América Latina, entre ellos los colombianos (Mata, 1985; Knight, 1988; Humanez, 2012).
El aumento de la emigración de colombianos hacia Québec durante este periodo se dio debido a la necesidad de mano de obra calificada en la industria textil, que condujo a varias empresas de este sector a reclutar trabajadores calificados en este campo en los departamentos de Antioquia, Caldas y Valle. Igualmente, la necesidad de trabajadores en diferentes campos de la actividad económica facilitó la llegada, en los inicios de la década de 1970, de un gran porcentaje de colombianos que emigraron como trabajadores no calificados, muchos de los cuales llegaron con un permiso temporal de trabajo, que les permitió obtener años más tarde la residencia permanente. El auge de ese flujo migratorio de trabajadores, que marcó los primeros años de la década de 1970, empujó igualmente una oleada migratoria caracterizada por la reunificación familiar, que se mantuvo estable hasta el final del periodo. Así mismo, a finales de este periodo se inició la llegada de los primeros refugiados. En 1990, las estadísticas canadienses registran la llegada de 10 individuos. En adelante, la cifra no dejó de crecer y en 1996 el número ascendió a 108 (Mata, 1985; Knight, 1988; Humanez, 2012).
Tercera ola: la llegada masiva de refugiados
El tercer momento, situado entre 1997 y 2011, corresponde a la puesta en marcha del programa del gobierno canadiense para los refugiados colombianos. Este programa tenía el objeto de paliar los impactos de la oleada de violencia desatada en Colombia en la década de 1990. En esa década, el auge del conflicto armado en Colombia dio origen a una crisis humanitaria de envergadura internacional, que hizo de Colombia un caso particular en la historia del hemisferio occidental. El país se convirtió en la única nación democrática productora de refugiados, particularmente en un momento en el que los países de América Latina estaban dejando de serlo (Redacción de El Espectador, 2007; Riaño Alcalá et al., 2008; Humanez, 2012; Elizondo, 2013). Esa crisis humanitaria se refleja en los datos compilados por el Centro Nacional de Memoria Histórica, que dan cuenta de 262.000 muertos, 80.000 desaparecidos y ocho millones de desplazados (Orgaz, 2021). Los datos estadísticos compilados por diferentes organismos nacionales e internacionales testifican que, en el marco de esa crisis humanitaria, Colombia se convirtió en el país con el mayor número de desplazados internos en el mundo (Niño, 1999; Agencia de noticias Efe, 2009; Humanez, 2012; Redacción de El Espectador, 2019); en el país de América con el mayor número de desaparecidos (Cosoy, 2015; García Calderón, 2020); y uno de los países con mayor número de ejecuciones extrajudiciales (falsos positivos) en el continente (Ávila, 2019; Alvarado, 2021; Passos, 2021).
Sobre el número de refugiados producidos por el conflicto colombiano no se tiene hasta el momento una cifra exacta. Sin embargo diferentes organizaciones estiman en 524 mil 496 el número de colombianos que se refugiaron en otros países entre el 2000 y el 2020 (Valdez Correa, 2021). La intensificación de las acciones contra la población civil, durante la primera mitad de la década de 1990, condujo a los organismos internacionales y a las organizaciones no gubernamentales (ONG) encargadas de la defensa y protección de los derechos humanos a hablar de crisis humanitaria en Colombia, a partir de 1995 (Baigorria y Arrieta, 2018; Iranzo y Wooldy, 2018). En 1996, la Agencia de las Naciones Unidas para los Refugiados (AGNUR, 2019), creó el programa de relocalización para los refugiados colombianos en varios países del mundo, con el que buscaba proteger a las personas con alto riesgo de ser desaparecidas y a las víctimas de amenazas de muerte por razones políticas o profesionales (sindicalistas, líderes sociales, defensores de derechos humanos y periodistas) (Elizondo, 2013; Baigorria y Arrieta, 2018; Iranzo y Wooldy, 2018).
Entre los primeros países que respondieron al llamado de acogida para los refugiados colombianos estuvo Canadá (Díaz Barrero, 2007; Riaño Alcalá et al., 2008). En 1997 llegaron los primeros refugiados. A partir de ese año y hasta 2011, Colombia integró un grupo de 7 países, del que hacían parte Bosnia-Herzégovina, Croacia, El Salvador, Guatemala, República Democrática del Congo y Sudán; que fueron considerados por la política exterior canadiense como países prioritarios en términos humanitarios (Arsenault, s.d., 2010; Humanez, 2012). La tabla uno, muestra la intensidad del flujo migratorio, por razones humanitarias, entre Colombia y Canadá, en dicho periodo. Los guarismos compilados permiten constatar que el flujo de refugiados colombianos hacia Canadá influyó en el crecimiento de la comunidad colombiana de la provincia de Québec, cuyos efectivos se multiplicaron por 10 en menos de una década (Ministère de l'immigration et des communautés culturelles du Québec, 2009; Arsenault, 2010; Humanez, 2012; Stacan, 2016).
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Tabla 1: Evolución de la inmigración colombiana a Québec entre 1980 y 2016 |
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Categoría y tipo de admisión |
1980-1990 |
1991-2000 |
2001-2010 |
2011-2016 |
Total periodo Inmigración |
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Económico |
210 |
435 |
5,340 |
5,075 |
11,065 |
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Demandador principal |
140 |
195 |
2,330 |
2,305 |
4,970 |
|
Demandador secundario |
70 |
245 |
3,015 |
2,770 |
6,100 |
|
Inmigrantes apadrinados por la familia |
450 |
505 |
1,105 |
1,060 |
3,120 |
|
Refugiados |
145 |
500 |
8,010 |
1,370 |
10,025 |
|
Otros inmigrantes |
0 |
0 |
85 |
35 |
120 |
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Total |
1,015 |
1,880 |
19,885 |
12,615 |
35,400 |
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Fuente de datos: Statistiques Canada y Recensement de 2016. |
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Los datos inter-censales, compilados por estadísticas Canadá, muestran que entre los años 2001 y 2010 se registró la llegada del mayor número de refugiados colombianos a Québec. El número de personas provenientes de Colombia, acogidas por razones humanitarias pasó de 645 en las dos décadas anteriores a 8 mil 010 en la década 2001-2010, periodo en el que los refugiados representaron el 40.2 por ciento de los inmigrantes colombianos, acogidos por esta provincia. De los 35 mil 400 colombianos que se asentaron en Québec entre 1980 y 2016, los refugiados totalizan 10 mil 025, el 28.31 por ciento del total de la emigración colombiana reasentada en la provincia durante 36 años.
Las observaciones sobre el terreno y la documentación consultada indican que un alto porcentaje de los refugiados colombianos que se asentaron en territorio quebequense, en las últimas dos décadas, provenían de los Estados Unidos; país al que habían inmigrado inicialmente y donde tenían dificultad para hacer reconocer su estatus. Con la adopción por parte de Canadá de su política de ayuda humanitaria para Colombia, los colombianos localizados en la costa este de los Estados Unidos, que tenían dificultad para hacer reconocer su estatus de refugiado en territorio estadounidense, se trasladaron masivamente a Québec por razones de proximidad al lugar donde habitaban o porque habían escuchado que en Quebec el proceso de legalización de refugiados colombianos era más rápido que en el resto de Canadá. El flujo de demandantes de refugio de origen colombiano proveniente de los Estados Unidos disminuyó a partir de 2005, luego de la entrada en vigor en diciembre de 2004 de la política del tercer país seguro. Esta política establece que las personas que ya habían solicitado refugio en los Estos Unidos no podían volver a solicitarlo en Canadá (Conseil canadien pour les réfugiés, 2020). Igualmente, a partir del año 2003, un número considerable de refugiados colombianos seleccionados en Ecuador (Osorio Ramírez, 2008; Agence des Nations unies pour les Eéfugiés au Canada (ACNUR), 2011; Programe de formation pour le parrinage privé de refugies (PFPR), 2021) fue relocalizado en Québec y muchos de ellos fueron dirigidos a Sherbrooke[1].
La llegada de refugiados colombianos a la provincia coincidió con la implementación del programa de regionalización de la inmigración, adoptado por el gobierno de Québec a mediados de los años 1990 (Ministère de l'immigration et des communautés culturelles du Québec, 2009; Arsenault, 2010; Humanez, 2012). Antes de la adopción de ese programa, la gran mayoría de colombianos que llegaban a Québec se asentaban en Montreal, ciudad epicentro de la comunidad colombiana en la provincia. La llegada de refugiados colombianos condujo a la aparición de comunidades colombianas en la mayoría de las ciudades de la provincia, tal como lo evidencia el caso de la creación de una comunidad colombiana en la municipalidad rural de Sainte-Clotilde-de-Beauce, donde la llegada de refugiados colombianos contribuyó a la salvación de una escuela rural, que iba a ser cerrada por falta de estudiantes (Alfonso Bejarano, 2006; Gregoire, 2007). Los datos estadísticos recabados en Estadísticas Canadá y el ‘‘Ministère de l'immigration et des communautés culturelles du Québec’’ indican que, de todos los colombianos acogidos por Québec en calidad de refugiados, el nueve por ciento fue relocalizado mayoritariamente en comunidades rurales y ciudades secundarias, como Sherbrooke.
Cuarta ola: predominio de la emigración económica
La caracterización de la población colombiana que se domicilió en Canadá después del cierre del programa humanitario denominado país fuente por parte del gobierno canadiense, el 7 de octubre de 2011 (Humanez, 2012; Government of Canada, 2016), se encuentra aun por hacer. En el momento de la desaparición de dicho programa, Colombia hacia parte de un grupo de seis países beneficiarios, integrado por República Democrática del Congo, Sudan, El Salvador, Guatemala y Sierra Leona. Las observaciones de terreno, la información divulgada por los medios y la revisión somera de los datos estadísticos del gobierno Quebequense, permiten considerar que los inmigrantes colombianos que se asentaron en Québec entre 2012 y el cierre de la frontera por razones de la pandemia de COVID 19 son demandantes de asilo y refugio, estudiantes, trabajadores especializados, emigrantes independientes y personas que llegaron en el marco de programas de reunificación familiar (Leblanc-Martineau, 2019; Rondeau y Roberge, 2019; Brochu, 2019; Gouvernement du Québec, 2021). Las estadísticas gubernamentales disponibles permiten considerar que durante el periodo predominó la inmigración económica. Según los guarismos compilados, entre 2009 y 2018, Colombia ocupó el octavo lugar entre los países de origen de los inmigrantes que se asentaron en el territorio Quebequense. Durante dicho periodo 16848 colombianos se establecieron en esta provincia. De éstos, 10770 fueron inmigrantes económicos, 3718 llegaron como refugiados, 2277 fueron admitidos en el marco de los programas de reunificación familiar, mientras que 83 fueron categorizados como "otros" (Gouvernement du Québec, 2021). Durante dicho periodo un número importante de demandantes de refugio se dirigió a la ciudad de Sherbrooke y sus alrededores. Ese fue caso de la familia Cardona, el cual se mediatizó porque las autoridades canadienses negaron la demanda de refugio y dicha familia estuvo a punto de ser deportada (Brochu, 2019; Rondeau y Roberge, 2019).
REFUGIADO: UN CONCEPTO CLAVE EN EL DERECHO INTERNACIONAL HUMANITARIO
El concepto de refugiado y asilado, según Maurel (2019) —que evoca el trabajo de Fassin y Kobelinsky (2012) — se remonta hasta la Roma antigua, donde emerge el concepto de asylum y con él se inscribe, por primera vez, en el ámbito del derecho el deber "moral" de brindar protección a las personas perseguidas. Un segundo momento en la evolución del concepto se produjo alrededor de la Revolución Francesa en 1793, cuando se formuló de manera embrionaria el principio de "derecho de asilo", que es el primer antecedente del ordenamiento jurídico actual sobre la materia, a nivel global (Akoka et Spire, 2013; Maurel, 2019). Finalmente, un tercer momento crucial se produce alrededor de la Segunda Guerra Mundial, cuando la Organización de las Naciones Unidas impulsó la creación del ordenamiento jurídico actual, que gravita entorno de la Convención de Ginebra y el Alto Comisariado para los Refugiados (Angoustures, 2016; Maurel, 2019).
Los trabajos de estos autores permiten considerar que hasta la expedición de la Convención de Ginebra en 1949, que concierne a la población civil, el asunto del asylum, en el plano jurídico, estaba dirigido más que todo a proteger a personalidades reconocidas en la escena pública, particularmente artistas e intelectuales. Maurel (2019) cita como ejemplos concretos los casos del músico Igor Stravinsky, el pintor Marc Chagall y el escritor Vladimir Nabokov, tres grandes personalidades del mundo de las artes, que hicieron uso del recurso jurídico del acilo o refugio, para proteger su vida. En el caso de Colombia se podrían citar los casos de los escritores José María Vargas Vilas, Porfirio Barba Jacob y Gabriel García Márquez[2]. Sobre la partida al exilio de García Márquez, un comunicado de la agencia EFE relata el hecho en los siguientes términos:
El escritor colombiano Gabriel García Márquez partió anoche rumbo a México, bajo la protección del Gobierno de este país. El escritor colombiano se refugió en la noche del miércoles en la residencia de la embajadora mexicana en Bogotá, María Antonia Santos, a quien solicitó protección por considerar que estaba siendo perseguido por las autoridades militares colombianas (El País, Madrid, marso 26 de 1981).
En lo concerniente a la generalización del asilo como recurso jurídico orientado a la protección de la población en general y particularmente de la población civil, esto sucede en 1951, cuando l’ (ONU) expidió "La Convención de 1951 relativa al status de los refugiados". En ese documento se define el término de "refugiado" y se enuncian los derechos de las personas desplazadas de su lugar de origen y las obligaciones de los estados para protegerlas. En la convención queda estatuido —como regla de derecho internacional— el principio que estipula que un refugiado no deberá ser retornado a un país donde su vida o libertad se encuentran amenazadas (Haut Commissariat des Nations unies pour les réfugies UNHCR, 2019).
Sobre la tradición de Canadá en materia de acogida de refugiados, la documentación consultada nos indica que antes de la llegada de refugiados latinoamericanos, Canadá no poseía casi ninguna tradición en materia de acogida de refugiados, pues su experiencia en la materia estaba relacionada solo con la acogida de refugiados provenientes de los países comunistas de Europa del este y de refugiados de origen vietnamita (Labelle et al., 1988; Del Pozo, 2009; Humanez, 2012). Según Del Pozo (2009), antes de la llegada de los refugiados chilenos en 1973, luego del golpe de Estado en Chile, Canadá no contaba con una política clara en lo concerniente a la acogida de refugiados y el concepto mismo de refugiado no había sido incorporado a la legislación canadiense, pues éste fue incluido en el aparato legal del país solo en 1978. Dentro de ese contexto, salvo algunas excepciones y no obstante la situación de emergencia, un gran porcentaje de las personas de origen latinoamericano, que emigraron a Canadá huyendo de las dictaduras y trataron de asentarse allí en calidad de refugiadas, fueron consideradas especialmente como inmigrantes. La documentación consultada indica que la política canadiense orientada a la acogida de refugiados emerge dentro de la convulsión humanitaria generada por la crisis de los golpes de Estado de América del Sur y las guerras civiles de América Central. En tal sentido, se podría decir que es para hacerle frente a la llegada masiva de refugiados latinoamericanos que Canadá estructura su sistema de acogida de refugiados y perfecciona su legislación en este campo, a finales de la década de 1970 y durante la década de 1980; convirtiéndose así en uno de los países modelo a nivel mundial en esta materia (Riaño Alcalá et al., 2008; Humanez, 2012).
En concomitancia con las preguntadas problematizadoras que fueron planteadas en la introducción, el objetivo general de este estudio es el de reconstruir la historia de la comunidad colombiana de la ciudad de Sherbrooke, en Québec, con el fin de comprender el rol jugado por el proceso humanitario que condujo, a partir 1997, a relocalizar un número considerable de refugiados colombianos en esta ciudad quebequense, dando origen a la comunidad colombiana local. En cuanto a los objetivos específicos, estos buscan: 1) establecer cómo se llevó a cabo el proceso de integración de los refugiados colombianos a la sociedad de acogida, en el caso de la ciudad de Sherboroke; y 2) identificar las estrategias adoptadas por los miembros de esta comunidad para facilitar su integración.
PERSPECTIVA EPISTÉMICO-METODOLÓGICA
Los aportes hechos en el campo de la filosofía de la ciencia por Fujimura, Star y Eliu (1987), Charmillot y Dayer (2007), Morrissettte (2010), Rappin (2011) y Le Breton (2012) permiten considerar que la concepción interaccionista de la ciencia constituye la postura filosófica más adecuada para abordar los temas relacionados con las ciencias sociales y humanas. Los principios filosóficos desarrollados en el marco de esta corriente epistemológica están a favor del uso de los puntos de vista y las representaciones sociales de los individuos y actores sociales, cuando se trata de documentar e interpretar los fenómenos sociales y humanos. Según la perspectiva interaccionista de la actividad científica, los protocolos metodológicos pertinentes para el estudio de los fenómenos sociales, como el que concierne esta investigación, son aquellos que se inspiran en los principios epistemológicos de la familia étno-socio-histórico-lingüística, conocida también como étno-metodología. Entre los métodos relacionados con esta familia metodológica se encuentra el estudio de caso; un método que facilita la triangulación disciplinaria, metodológica y de fuentes a la hora de documentar y analizar los fenómenos sociales. En este estudio se privilegió este método porque permite examinar, a la luz de su contexto, los eventos sociales contemporáneos o del pasado. Su versatilidad hace de él uno de los métodos más adecuados para el estudio de los fenómenos humanos, desde la perspectiva comunitaria, como lo ilustra en el caso en cuestión. En esta investigación, la versatilidad del estudio de caso permitió abordar el fenómeno objeto de estudio desde diferentes ángulos disciplinarios, a la luz de la trayectoria de la comunidad estudiada, tomando en cuenta la historia personal de los individuos, de su presencia en el territorio y de la organización comunitaria, que ellos fundaron para facilitar su integración a la sociedad de acogida. Esto hizo de la reconstrucción de la trayectoria histórica del fenómeno estudiado una de las etapas importantes del estudio. En este proceso se recurrió a varios métodos de recopilación de información, que permitieron explorar, describir y delimitar el fenómeno objeto de estudio de manera detallada y holística. Esto fue posible porque el estudio de caso permite el recurso a múltiples fuentes de documentación, para ofrecer una perspectiva fidedigna de la complejidad de la realidad estudiada, tal como lo ilustra esta investigación (Bichindaritz, 1995; Roy, 2009; Fortin, 2010; Humanez, 2021). De los tres tipos de estudio de caso identificados, el estudio privilegió el exploratorio y el descriptivo. Esto se debe a que la comunidad colombiana de Sherbrooke ha sido objeto de pocos estudios y la información utilizada es de carácter cualitativo.
Importante anotar aquí que, en el plano metodológico, el recurso a la triangulación metodológica permitió hacer uso de técnica investigativas desarrolladas à partir de tres perspectivas metodológicas distintas: el método histórico, el método etnográfico y, en menor grado, el método sociológico. El método historiográfico fue utilizado para reconstruir los hechos y realizar la interpretación diacrónica de la documentación acopiada, según los protocolos de la hermenéutica historiográfica (Escudier, 2011). En cuanto al método etnográfico, éste permitió el recurso a la observación participativa y la interacción directa con la comunidad, lo cual hizo posible la comprensión de la realidad social a partir del punto de vista de los individuos que la integran y de sus prácticas comunitarias. Finalmente, el método sociológico hizo posible la clarificación de la problemática y su delimitación a partir de la identificación de los fenómenos sociopolíticos que la provocaron. El uso del método histórico permitió seleccionar las fuentes documentales y humanas de cara a la reconstrucción de la trayectoria comunitaria; el método etnográfico hizo posible la estructuración del trabajo de campo y la observación directa, participativa y distanciada de la comunidad, así como la selección de las personas que fueron entrevistadas. Las técnicas de recolección de datos utilizadas fueron la consulta de archivos documentales, la entrevista y la observación distanciada y participativa.
El estudio es el resultado de 17 años de trabajo de campo, ligados a la intervención comunitaria y la dinamización cultural al interior de la comunidad colombiana de la provincia de Québec; de la revisión de trabajos científicos relacionados con esta comunidad; de los informes periodísticos que sobre ella se han producido; de la interacción con los fundadores de ColombiEstrie; y del acompañamiento a la comunidad colombiana de Sherbrooke, en su proceso de integración a la sociedad de acogida, en los inicios de la década de 2000. En lo concerniente a la documentación analizada, se revisaron la correspondencia del consulado colombiano de Montreal disponible al público en el Archivo General de la Nación de Colombia, el boletín electrónico del consulado de Colombia en Montreal entre los años 2009 y 2015, las actas de ColombiEstrie, en el periodo comprendido entre los años 2003 y 2006, que corresponden a los años de su fundación y consolidación. Igualmente se revisó la página electrónica del periódico La Tribune de Sherbrooke, desde el año 2004 hasta el año 2020 y se le hizo seguimiento regular a la página Facebook de ColombiEstrie, desde su aparición en 2010 hasta el momento de la redacción de este artículo.
Los elementos centrales que conllevaron a la redacción de este artículo, emergieron en el marco de una colaboración técnica prestada al nodo Québec de la Comisión para el Esclarecimiento de la Verdad la Convivencia y la No repetición de Colombia (CEV). Dicha colaboración condujo a la revisión de la documentación acopiada durante el trabajo de campo, llevado a cabo en el proceso de documentación de la memoria de maestría de Humanez (2012), en la cual se produjo la reconstrucción de la historia de la Comunidad colombiana de Québec. En ese trabajo de campo, que se realizó entre los años 2009 y 2012, se entrevistaron 18 personas. Igualmente, entre 2019 y 2020, en el marco de la colaboración técnica con la CEV se entrevistó de manera informal a más de 15 personas, que aceptaron dar su testimonio de manera puntual para documentar este trabajo sobre tres temas específicos: la conflictividad en el seno de la comunidad colombiana en la ciudad de Sherbrooke, la fundación de ColombiEstrie y celebración de actividades culturales, entre ellas la fiesta colombina de Sherbrooke. Importante precisar aquí que etas personas no aceptaron dar su testimonio a la CEV. Para preservar la identidad de los entrevistados se les ha atribuido un pseudónimo. La información se recopiló utilizando un dispositivo de registro electrónico de la voz. En el caso de los entrevistados que no aceptaron ser grabados se tomó nota de su testimonio. Para el caso de las personas cuyo testimonio aparece en esta investigación, se solicitó su consentimiento y se concertó con ellos el texto a publicar.
En cuanto a la observación, esta ha sido de dos tipos: participativa y distanciada. El proceso de observación participativa se dio en el marco de la organización de diversas actividades de tipo comunitario, llevadas a cabo por ColombiEstrie, organismo comunitario de cuya junta directiva los investigadores hicieron parte entre el año 2003 (momento de la fundación) y el año 2006. Esta participación permitió acumular documentación primaria, hacer entrevistas informales y tomar notas sobre la vida comunitaria, elementos que han sido utilizados en este estudio. La observación a distancia se ha realizado desde el seguimiento a las notas de prensa sobre la Comunidad Colombiana de Sherbrooke; la asistencia a eventos comunitarios; las charlas informales con miembros de la comunidad; el trabajo de campo realizado en el marco de la investigación de Humanez; el seguimiento a la página facebbok de ColombiEstrie y del trabajo de campo preparatorio para la Comisión de la Verdad.
RESULTADOS
Como ya se manifestó anteriormente, la aparición de la comunidad colombiana en la provincia de Québec es el resultado de cuatro oleadas migratorias, que fueron estimuladas por factores ligados a la historia interna de ambos países, en la última mitad del siglo XX y en los dos primeros decenios del siglo XXI (Riaño Alcalá et al., 2008; Humanez, 2012). La reconstrucción de la historia del flujo migratorio de colombianos hacia Canadá nos ha permitido identificar los factores, que han estimulado la emigración de colombianos hacia territorio canadiense y de develar el contexto en el que se produjo la llegada a la provincia de Québec de aproximadamente 10 mil 000 personas (como refugiados), en el marco de ese flujo, por razones de carácter humanitario. A continuación, con el objeto de dar respuesta a las preguntas problematizadoras y atendiendo los objetivos fijados en el marco de este estudio, se presentan los resultados obtenidos.
LA LLEGADA DE LOS PRIMEROS COLOMBIANOS A LA CIUDAD DE SHERBROOKE
Antes de la llegada del primer refugiado colombiano a la ciudad de Sherbrooke en 1996, en toda la región de la Estrie habitaban sólo cuatro colombianos: un médico neurocirujano, que trabajaba en el hospital universitario, y tres mujeres que se habían instalado en la región en la década anterior, luego de haberse casado con ciudadanos canadienses (Humanez, 2012). En entrevista concedida el 18 de julio de 2009, el doctor Juan Manuel Garcés[3], originario de la ciudad de Tunja, manifestó sobre su proceso migratorio lo siguiente:
Cuando yo vine por primera vez a Québec, lo hice como estudiante de postgrado. Después de completar mi especialización, regresé a Colombia. En mi mente no tenía la idea de salir del país. Sin embargo, me llamaron desde Canadá para ofrecerme un puesto. Entonces yo lo acepté y regresé a Montreal. No tuve que hacer nada. El Gobierno canadiense fue el que hizo todo. Me llamaron para venir a trabajar como profesor en la facultad de medicina de la Universidad de Sherbrooke, que estaba en proceso de apertura o mejor te digo, estaba en consolidación. El hospital universitario todavía estaba en construcción y sólo había un pequeño lugar para alojar a los estudiantes de esta nueva facultad. […] Para abreviarte la historia, vine a Canadá para hacer una especialización en neurocirugía en la Universidad McGill, a finales de la década de 1950. Regresé Colombia a principios de los años 1960 y emigré nuevamente y de manera permanente en 1971. En ese momento se produjo mi llegada a la ciudad de Sherbrooke.
LOS REFUGIADOS Y LA FORMACIÓN DE LA COMUNIDAD COLOMBIANA DE SHERBROOKE
En cuanto a los primeros refugiados colombianos relocalizados en Sherbroke, éstos integraban una familia de cuatro personas, que se habían refugiado a finales de la década de 1980, en México. Esa familia había emigrado a ese país para escapar a las persecuciones contra la Unión Patriótica. Según el jefe de dicha familia, su relocalización en Canadá obedeció a las fuertes criticas que emitió contra las FARC), por las violaciones a los derechos humanos en Colombia. Esas críticas desataron contra él las hostilidades de un grupo de personas, entre las que se encontraba Marcos Calarcá, vocero de las FARC en México de 1993 hasta 2002. Para proteger su vida, las Naciones Unidas tramitaron su relocalización en Canadá.
Las observaciones sobre el terreno permitieron constatar que a partir del año 1997 llegó a Sherbrooke un nuevo grupo de refugiados provenientes de Colombia, entre los que se contaban líderes estudiantiles de la Universidad Surcolombiana de Neiva, dirigentes políticos, entre ellos un ex–alcalde de un municipio de Santander, y el familiar de un alto mando de la Policía Nacional de Colombia. Igualmente, en la cuidad fueron reinstalados algunos funcionarios de la Fiscalía General de la Nación, jueces, sindicalistas y varios miembros de las comunidades académicas de las Universidades de Atlántico, Córdoba, Antioquia y Quindío. En la región también fueron relocalizados profesores, defensores de derechos humanos, líderes indígenas de la Sierra Nevada y el Putumayo, campesinos desplazados y líderes campesinos del sur del país, que habían participado en las marchas cocaleras, que paralizaron a los departamentos del sur y el oriente de Colombia, a mediados del año 1996. De ese modo comenzó a emerger en Sherbrooke, una ciudad con 212 105 habitantes, una comunidad colombiana que cuenta en la actualidad con 1 mil 100 miembros (Stacan, 2017). La mayor parte de ellos vinieron en calidad de refugiados.
FACTORES QUE MOTIVARON LA EMIGRACIÓN DE LOS COLOMBIANOS DE SHERBROOKE
En general, Los estudios realizados sobre colombianos residentes en territorio quebequense y los datos de los gobiernos federal y provincial, así como de ONG, indican que la mayoría de refugiados colombianos que llegó a Canadá a partir de 1997, salió de Colombia huyendo de la violencia generada por los grupos de paramilitares; de guerrilleros y diferentes grupos al margen de la ley, y de actores representantes del Estado en los territorios que habitaban. El caso de los refugiados colombianos de Sherbrooke no es la excepción. Un caso que ilustra grosso modo la situación es el de Mercedes Martínez, quien al hablar de los hechos que la forzaron a salir del país dijo:
En Colombia estuve casada, pero por causas del conflicto quedé viuda. Mi marido fue asesinado tres años antes de venir a Canadá. Mi familia inicialmente estaba integrada por ocho personas, pero mi marido y tres de nuestros hijos fueron asesinados. Después de su muerte vine aquí en 2001 con los tres hijos que me quedaron vivos. En Colombia teníamos, en los alrededores de Pereira, una pequeña finca donde nos dedicamos a la actividad agrícola. Estábamos allí muy bien, pero un día vinieron los paramilitares y exterminaron a mi familia para robarnos la tierra. Eso cambió completamente mi vida. Para escapar de la muerte, nos mudamos a Medellín, luego a Melgar en el Tolima, y de allí llegamos a Sherbrooke. Decidimos salir de Colombia porque nos decían que, si nos quedábamos, nos iban a matar a todos. En la Fiscalía, el fiscal responsable del caso nos dijo que para nosotros era mejor emigrar y fue él quien nos sugirió de venir a vivir aquí. La Fiscalía se encargó directamente de tomar las medidas necesarias para salir del país.
EL PERFIL SOCIO-DEMOGRÁFICO DE LOS REFUGIADOS COLOMBIANOS DE SHERBROOKE
En lo que respecta a su nivel educativo, los refugiados colombianos que llegaron a esta ciudad, entre 1997 y el año 2000, eran mayoritariamente profesionales y estudiantes universitarios; procedentes de diferentes regiones de Colombia, particularmente del centro del país, el pie de monte llanero y la costa norte colombiana, en especial de Barranquilla. En la década de los años 2000 llegaron mayoritariamente personas de origen rural y urbano, sin mucha cualificación profesional. También arribaron algunos refugiados de origen afrodescendiente, provenientes de Buenaventura, de Ecuador y de Panamá —vía Estados Unidos—, entre ellos la familia Borja Hurtado; familia que llegó primero a Montreal y para evitar su deportación se refugió en la iglesia del caserío de North Hatley, en julio de 2003 (Radio-Canadá, 2004; Cauchy, 2003).
A partir del año 2003, las redes migratorias y las comunidades de internet comenzaron a jugar un papel importante en la llegada de colombianos a Sherbrooke. Humanez (2012) documentó el caso de varios blogs y comunidades de internet, dedicados a informar sobre el proceso migratorio. Es el caso del blog “Quindianos à Sherbrooke”, que reseña el proceso migratorio colectivo y la adaptación de 8 familias provenientes del Quindío, dentro de un proceso que emergió en el marco de la virtualidad (Edison, 2010). A partir de 2008, la llegada de colombianos a Sherbrooke fue más lenta. En ese momento a la comunidad comenzaron a llegar personas clasificadas en la categoría de inmigrantes económicos. En general se trataba de profesionales, de los cuales, algunos habían estado en Europa, lo cual aumentaba sus opciones en el mercado del trabajo, por ser técnicos o ingenieros.
Igualmente, la comunidad ha crecido con la llegada de personas procedentes de Estados-Unidos. Al respecto, es importante mencionar que se han registrado varias mini-oleadas de migrantes colombianos en dirección de Sherbrooke desde los Estados Unidos. De ellas, las que más retuvieron la atención de la comunidad son las de 2004, 2007, 2013 y la que se produjo con la llegada de Donald Thrum a la presidencia de ese país. Muchos de esos inmigrantes sin estatus, que llevaban más de 20 años de estar viviendo en Estados Unidos, se trasladaron a Sherbrooke con el objeto de agilizar la regularización de su estatus en Canadá, porque entre los colombianos sin estatus de residentes en Estados Unidos se ha difundido el rumor que en Sherbrooke los procesos se resuelven rápidamente.
Después de 2013 a la ciudad han llegado colombianos que pertenecen a categorías migratorias diferentes a la de refugiados: emigración económica, reunificación familiar, estudiantes y trabajadores calificados. Recientemente, Sherbrooke acogió a un grupo de trabajadores colombianos calificados en el campo de la metalurgia (año 2019).
CONFLICTOS EN EL SENO DE LA COMUNIDAD COLOMBIANA DE SHERBROOKE Y DIFICULTADES EN LA INTEGRACIÓN
En los comienzos de la comunidad colombiana de Sherbrooke, sus miembros vivieron un periodo de gran conflictividad. Esta conflictividad, que se originaba en la desconfianza mutua entre los miembros de la comunidad residente en la ciudad, así como con respecto a las instituciones del Estado colombiano: el consulado colombiano de Montreal y la embajada de Colombia en Canadá particularmente, se intensificó cuando la comunidad entró en un profundo proceso de diversificación social. A mediados del año 2000 las características del refugiado colombiano relocalizado en Sherbrooke por el gobierno canadiense comenzaron a cambiar de manera significativa. A diferencia de la primera oleada de refugiados, que llegó entre 1997 y 2000, la cual estaba compuesta por personas educadas, de clase media y origen urbano, los refugiados que comenzaron a llegar a partir del año 2000 eran más que todo de origen rural y procedían de regiones, que estaban afectadas directamente por el conflicto armado: los llanos orientales, el Caquetá, el Guaviare, Norte de Santander, el oriente Antioqueño, Córdoba, el Putumayo, Los Montes de María y el Urabá. Esto hizo que, en una ciudad pequeña, en el seno de una comunidad pequeña, se encontraran personas que habían sido víctimas directas de los diferentes actores armados. Ese clima de tensión se incrementó cuando en la comunidad se volvió de conocimiento público, al comienzo de la década de 2000, una situación que se rumoraba en voz baja: la presencia en la ciudad de familiares de los hermanos Castaño y de los García Herreros. Ese clima de tensión dio origen a enfrentamientos entre varios miembros de la comunidad. Lorena Jaramillo, que accedió a conceder una entrevista, solo para contribuir a la reconstrucción de ese clima de tensión, recuerda los hechos del siguiente modo:
Cuando yo llegué aquí en 1998 en realidad no había muchos colombianos. Las relaciones entre nosotros, si bien estaban enmarcadas en la frialdad y la indiferencia, la situación era soportable. Pero todo se puso tenso durante el periodo de la campaña presidencial de 2002 y la elección del nuevo presidente en Colombia. Luego de la elección del nuevo presidente y particularmente después de su posesión, todo aquel que no estaba de acuerdo o que no tomaba posición a favor del nuevo gobierno fue calificado de guerrillero por los partidarios del presidente. En el COFI (Centres d'orientation et de formation des immigrants), a donde íbamos a aprender el francés, aparecieron tres grupos de personas: los que defendían al gobierno; los que estaban contra él y denunciaban lo que estaba pasando en Colombia; y los que simplemente no opinaban. El ambiente se puso pesado. En clase, la gente se la pasaba tirándose indirectas y a la hora del almuerzo dejó de hablarse o se hablaba en baja voz. En los baños, particularmente de hombres, la gente se insultaba. De un momento a otro comenzaron a llamar a la policía para decir que aquel era guerrillero y que este otro era paramilitar o tal cosa. La desconfianza llevó a que casi nadie quisiera reunirse con sus compatriotas. Entre los principales animadores de ese clima de tensión estaban el sobrino de un alto mando de la policía, que vino como refugiado y un ex-acalde de Santander, que había sido víctima de las FARC. A ellos les hacían eco otras personas, que habían sido líderes sociales y comunitarios en Colombia. Esa gente iba de frente, preguntándole a los otros si estaban a favor del gobierno o no. La situación se torno tan incómoda, que la policía tuvo que intervenir. La policía nos habló a todos de lo embarazoso que se había vuelto el asunto. Después de eso la gente comenzó a calmarse.
La mayoría de entrevistados –formal e informalmente– sostienen que otro aspecto, que condujo a la intervención de las autoridades para fomentar la sana convencida en el seno de la comunidad colombiana de Sherbrooke, tuvo que ver con las reiteradas acciones de indisciplina de algunos de sus miembros. Estas acciones incluían el número elevado de infracciones de tránsito, la escucha de música a alto volumen, el no acatamiento de las normas de uso del espacio público y otro tipo de comportamientos, que ponían en peligro la estabilidad de la convivencia en harmonía social, en los sectores donde residían los colombianos. Eufrasio Santana, un organizador social comunitario, que participó del proceso que condujo a la mejoría del clima social en el seno de la comunidad, rememorando los hechos dijo:
A raíz del alto número de incidentes, los llamados de atención no se hicieron esperar. Las autoridades locales y los grupos comunitarios se dieron a la tarea de identificar a los miembros de la comunidad que proyectaban una suerte de comportamiento neutral y un liderazgo positivo. Con ellos sostuvieron varias reuniones en la biblioteca municipal en la primavera de 2003. En las acciones puestas en marcha por las autoridades locales para calmar los ánimos de la comunidad participaron el Servicio de policía de Sherbrooke (SPS), conjuntamente con los centros educativos donde se impartía la formación lingüística a los inmigrantes. Por su parte la Universidad de Sherbrooke asignó a Michèle Vatz Laarousi, profesora de l’École de Travail Social, quien hizo los primeros acompañamientos del proceso con talleres y actividades enfocadas ‘‘a liberar la palabra y hacer uso de ella sin miedo’’. El objetivo de los talleres era el de facilitar la reconstrucción de lazos de unidad, entre los miembros de la comunidad, a partir del respeto mutuo. Al comienzo de los talleres, los organizadores hacían énfasis en una serie de normas para garantizar el uso de la palabra sin interrupción y sin réplica. Una de las cosas que se enfatizó, fue que lo que la gente decía era su verdad personal, la historia de lo que le había tocado vivir. No la verdad absoluta ni la historia oficial de la guerra en Colombia y que esa verdad personal merecía respeto y comprensión. Al final de cada reunión todos salíamos con el sentimiento de que teníamos una tragedia personal única, que la verdad de los otros, aunque no fuera la nuestra, era algo verdadero y que todo lo que nos había pasado se inscribía en el marco de una historia común: la historia de la guerra en Colombia. De esa guerra, todos éramos, de uno u otro modo, víctimas y frente a las circunstancias en la que fuimos victimizados, ninguno de nosotros podía hacer nada.
LAS DIFICULTADES DE INTEGRACION A LA SOCIEDAD DE ACOGIDA
Los problemas que enfrentaron los refugiados colombianos, que fueron relocalizados en Sherbrooke, tenían que ver igualmente con el desconocimiento por parte de la sociedad de acogida de los hábitos y costumbres de las personas inmigrantes, provenientes de culturas diferentes a la europea. Si bien en la región de la Estrie había una cierta tradición de acogida de inmigrantes, que contaba con más de 30 años; en el pasado, la mayoría de los inmigrantes y refugiados que habían sido relocalizados en la región provenían de Europa. De otra parte, aquellos que no eran europeos, como es el caso de los africanos y haitianos, éstos hablaban la lengua francesa o tenían nociones de base, como en el caso de los vietnamitas. En el caso de los refugiados colombianos, estos constituyeron, al lado de los refugiados de Afganistán y Chechenia, el primer grupo de refugiados provenientes de países no francófonos o afrancesados y de países no europeos, que se asentaban de manera masiva en la región. Refiriéndose a esta situación, Lácides Gaviria manifestó:
En estas pequeñas ciudades, la gente no estaba preparada socialmente para acogernos, pues nuestros hábitos y costumbres son muy diferentes a los de la comunidad de acogida. Por su parte, nuestra comunidad no estaba preparada para convivir en un medio multicultural y diverso. La frustración de la comunidad aumentó porque, a sus problemas interiores, se sumó la penuria de trabajo en la región, lo que generó incertitud en la gente. Con el tiempo, los problemas se fueron superando, ya que a nivel general la sociedad canadiense sabe que los inmigrantes llegan huyendo de problemas asociados a conflictos políticos o personales y lo que desean es encontrar paz y tranquilidad. Aunque el proceso de recuperación y de aceptación es lento, hoy estamos a otro nivel. Los colombianos seguimos siendo una comunidad joven en la región. En sus inicios, en los años 2000, por lo general el trabajo de los colombianos era informal. En esa época se era estudiante o simplemente no se trabajaba y se dependía de la ayuda del gobierno. Actualmente, los colombianos se ocupan en diversos sectores de la economía y esto ha mejorado la autoestima de la comunidad. Una situación que se presenta es la falta de información. Hay empresas que necesitan determinado profesional y no saben que existe entre la comunidad. Igualmente hay personas con determinado perfil, pero no tienen el conocimiento y la experiencia que demanda la empresa que los puede emplear. Así el inmigrante es convertido en un recurso humano, que no se aprovecha. El trámite engorroso de obtención de las equivalencias de los títulos sigue siendo uno de los obstáculos para muchos profesionales, que se ven sometidos a ocupar puestos de trabajo que los des-cualifican.
Grosso modo, los testimonios recopilados en el trabajo de campo de Humanez (2012) y en el proceso exploratorio orientado a la recoleta de testimonios en el marco de la Comisión de la Verdad, así como las observaciones de terreno dan cuenta que, al comienzo del decenio 2000, la coyuntura era compleja en el seno de la comunidad colombiana de Sherbrooke. Esa desconfianza y conflictividad se debía a un hecho concreto. A Sherbrooke habían llegado colombianos que profesaban diversas ideologías políticas, todos no habían sido víctimas del mismo actor del conflicto armado y por ende su visión de éste era diferente. Esas personas, que provenían de diferentes regiones del país y tenían en Colombia diferentes estatus sociales, se encontraron de un momento a otro dependiendo de la generosidad de un Estado extranjero y en el seno de una comunidad, con la que no tenían ningún tipo de lazos. De otra parte, las personas que provenían de su país de origen, no eran dignas de confianza, porque eran personas desconocidas, sobre las que no se tenía la más mínima información, ni había la posibilidad de conseguirla. Esto hizo, como lo subrayaron varios entrevistados, que el denominador común en el seno de la comunidad fuera la desconfianza y la apatía hacia el otro. Haciendo memoria de los hechos, Martha Ramos manifestó:
La atmosfera estaba cargada de rumores, lo que condujo a que las relaciones entre colombianos estuvieran marcadas por la conflictividad y el distanciamiento. A quienes se les identificaba como de izquierda, se les tildaba automáticamente de guerrilleros y viceversa: a los partidarios del gobierno se les tildaba de paramilitares. Se dio el caso de un colombiano que fue golpeado en las afueras de la ciudad por personas que él conocía. Este caso fue denunciado y trajo consecuencias judiciales.
Sobre la desconfianza y la apatía mutua, varios de los entrevistados hicieron énfasis sobre un comportamiento en particular. Según ellos si bien los colombianos compartían las mismas aulas de clase en el aprendizaje del francés, cuando se cruzaba la puerta del centro educativo, el compatriota se convertía en un verdadero desconocido. Según Lácides Gaviria, ese distanciamiento entre compatriotas hacia parte de ‘‘una tarea nada fácil: la de tratar de olvidar el pasado que nos había traído a este país’’. Con esa negación del otro se buscaba ‘‘dejar atrás los rencores y los sentimientos encontrados que cada persona y cada familia guardaba en su corazón’’.
LAS ESTRATEGIAS DE INTEGRACIÓN A LA SOCIEDAD DE ACOGIDA
En el caso de los refugiados colombianos que llegaron apadrinados por el gobierno canadiense, la integración a la sociedad de acogida fue coordinada y dirigida, en la provincia de Québec, por el Estado quebequense. Esta estrategia se basó en tres pilares: el patrocinio del aprendizaje del francés; la garantía de un ingreso mínimo para solventar las necesidades básicas (vivienda, alimentación, salud, educación y transporte); y finalmente el patrocinio para adelantar una formación básica para acceder al mercado del trabajo. Por su parte, la comunidad de acogida también adelanto programas para incorporar a los recién llegados a la dinámica sociocultural de la región. Debido a la predominancia de la religión católica en la región de la Estrie, la diócesis local implementó un programa de misas en español y excursiones familiares periódicas a los sitios de atracción turística localizados en las inmediaciones. Estas excursiones facilitaron el acercamiento entre los quebequenses interesados en aprender la lengua española y los recién llegados. Por su parte, en la medida que la comunidad fue creciendo y sus miembros se fueron adaptando a la región, los colombianos se implicaron en grupos comunitarios ligados a la iglesia y la integración de los inmigrantes. Algunos terminaron formando grupos religiosos, enseñando a bailar salsa, o participando de grupos folclóricos para conservar en las nuevas generaciones el interés por las danzas y la música colombiana tradicional. Igualmente, las personas con experiencia comercial abrieron sitios de comercios especializados en productos latinoamericanos, para abastecer a la comunidad con productos similares a lo de su país de origen. La población joven se implicó en proyectos relacionados con la oferta de entretención adaptada a sus necesidades de diversión, reanimando la noche latina, un espacio de entretención que ofrecía esporádicamente, antes de la presencia de los colombianos, un conocido hotel de la ciudad. Un gran número de profesionales, sin importar la edad, al igual que un gran número de jóvenes se inscribieron en cursos universitarios, lo cual hizo de la comunidad colombiana una de las comunidades inmigrantes con mayor presencia en la población estudiantil de la Universidad de Sherbrooke, entre 2003 y 2007. El interés por los estudios universitarios por parte de la comunidad, ha llevado a que entre los miembros de la segunda generación: los emigrantes que llegaron siendo niños o adolescentes, se cuente actualmente un gran número de profesionales universitarios, que hablan tres lenguas y manifiestan sentirse integrados a la sociedad de acogida. Finalmente resulta importante de destacar la estrategia de los matrimonios mixtos. Este mecanismo se convirtió en una pasarela que favoreció la integración rápida de un gran número de personas solteras, particularmente de sexo femenino o de orientación sexual diferente a la heterosexual.
EL ROL JUGADO POR COLOMBIESTRIE EN LA INTEGRACION DE LOS COLOMBIANOS A LA SOCIEDAD DE ACOGIDA
La Asociación de Colombianos en la Estrie (ColombiEstrie) nace en el marco del conflicto en el seno de la comunidad colombiana de Sherbrooke, para ayudar a sobrellevar las dificultades, que afrontaban los colombianos en materia de integración a la sociedad de acogida. Su creación se da justamente en un momento en que las relaciones conflictivas entre colombianos comenzaron a generar preocupación entre las autoridades y los grupos comunitarios locales. De hecho, la idea que condujo a su organización se dio en los talleres de convivencia organizados por la policía local, los Centros de formación en francés, los organismos comunitarios y la universidad de Sherbrooke en la primavera del año 2003. A un primer encuentro acudieron varios líderes sociales y profesionales egresados de universidades colombianas y estudiantes colombianos de la universidad de Sherbrooke, que tenían un bagaje importante en materia de defensa de derechos humanos, organización comunitaria y solución de conflictos. Estas personas, conscientes de los riesgos que implicaba la conflictividad larvada en el seno de la comunidad de cara a la integración a la sociedad de acogida, asumieron la tarea de poner en marcha una serie de estrategias orientadas a disminuir la tensión comunitaria y a mejorar la convivencia entre los colombianos de la región. Al respecto, Adalgisa Núñez, en entrevista dada en el marco del trabajo de campo de Humanez (2012) manifestó:
A comienzos de 2003, en pleno invierno, hubo un evento que sacudió a la comunidad. La policía nos había citado a todos los que teníamos más de 18 años a una reunión. A los padres de familia los reunieron en los colegios donde asistían sus hijos. A los estudiantes de francés los reunieron en el COFI y en el Cegep (Collège d'enseignement général et professionnel). A los que no iban a esos lugares y estaban en la casa, los reunieron en el Service d'aide aux Néo-Canadiens (SANC). Luego vinieron varias reuniones en la biblioteca, a las que yo asistí porque los organizadores de la reunión me consideraban como una persona recurso. Yo trabajaba en un lugar especializado en la acogida de los recién llegados y allí iban los colombianos a hacer trámites de todo tipo y yo los atendía. En la última de esas reuniones, que se llevó a cabo a finales del mes de mayo, una profesora de la Universidad de Sherbrooke dijo que los colombianos que habían dado prueba de comportamiento ejemplar y aquellos que tenían espíritu de liderazgo tenían que organizarse, para contribuir a la integración de la comunidad de manera dinámica, a la sociedad de acogida. Alguien que estaba en el grupo sugirió la creación de una asociación. Los asistentes estuvieron de acuerdo con esa idea y todos quedamos convocados para una primera reunión, que se llevo a cabo en mi casa. A esa reunión, realizada en la primera semana del mes de junio, asistieron como 10 personas. Allí quedo organizada la Asociación y con ella se dio inicio a las tareas que quedaron pendientes en la última reunión realizada en la biblioteca (Entrevista realizada el 15 de enero de 2005).
El grupo de personas mencionadas anteriormente: expertos en integración de inmigrantes de la universidad de Sherbrooke, los representantes de los grupos comunitarios locales y los colombianos con experiencia en organización comunitaria y defensa de los derechos humanos, coincidieron en un aspecto. Para reducir los niveles de hostilidad era necesario organizar actividades que tuvieran un gran valor simbólico para toda la comunidad. Para identificar ese tipo de actividades se hizo una lluvia de ideas y una de las participantes propuso la celebración de una fiesta comunitaria alrededor del festejo del 20 de julio. Ese año, la fiesta nacional de Colombia coincidió con un domingo, lo cual permitió que la celebración se llevara a cabo en la fecha exacta de la festividad. Sobre los impactos positivos que tuvo esa primera fiesta en la vida de la comunidad, Martha Ramos, que participó en su organización, sostuvo:
Ese día, sin distingo alguno, la mayoría de los colombianos que vivían en la ciudad de Sherbrooke, en ese entonces, acudieron a la fiesta. Esta fue una actividad donde se escuchó música colombiana y se presentaron muestras de danzas folklóricas. Ello hizo posible el reencuentro con el otro. Los lazos que nos unen y nuestra identidad como colombianos estuvieron presentes. Esto sirvió para limar asperezas y disminuir los resentimientos entre la gente.
Sobre el proceso que condujo a la emergencia de esta celebración, Eufrasio Santana, que participó de esas reuniones, dijo:
El tema de discusión del momento giraba alrededor de qué actividades se debían hacer para relajar el estado de ánimo de la comunidad. Varias ideas surgieron: organizar talleres de convivencia, programar retiros espirituales, organizados por las congregaciones religiosas, abrir clínicas de consulta psicológica, donde la gente fuera a hablar de sus problemas de manera anónima, entre otros. A una señora barranquillera, miembro de una iglesia evangélica con sede en Boston, que había pasado primero por la Florida, luego por Nueva York y Boston, y finalmente había pedido refugio en Sherbrooke, dijo: ‘‘a los colombianos nos une una sola cosa, la fiesta’’. La señora habló sobre la celebración de la fiesta en Colombia. Luego habló de la fiesta del 20 de julio en Nueva York, donde todas las fiestas de Colombia se viven en miniatura. La gente por unanimidad expreso: ‘‘¡Esa es! ¡Vamos a celebrar la fiesta del 20 de julio’’! Fue así como nació esa fiesta, que ha tenido incluso primera plana en el periódico local y de la que se ha hablado en todos los periódicos de la ciudad, cada año, después del verano de 2005.
Sobre el rol saludable que ha cumplido esa fiesta en el seno de la comunidad colombiana de Sherbrooke, Lácides Gaviria sostuvo que ello se debe a que ‘‘la fiesta y la pasión pueden ser como un lugar simbólico y real, donde la gente desarrolla todas sus nostalgias, expresa y elabora su dolor y comparte con el otro sanamente’’. Con el paso de los años, la celebración se ha convertido en punto de confluencia intercultural y en espacio de celebración de aquellos eventos, que significan un logro comunitario. Del último aspecto da testimonio el periodista Tommy Brochu. Sobre la connotación que tomó la celebración en el año 2019, Brochu sostuvo que la celebración de ese año estuvo revestida de una doble significación, pues no solamente se celebraba la independencia de Colombia, sino la aceptación de la petición de refugio de la familia Cardona, una familia demandante de asilo, que había estado a punto de ser expulsada de Canadá en dirección de Colombia varios meses antes (Brochu, 2019).
Además de la organización de la primera fiesta, la creación de ColombiEstrie condujo a la constitución de varios grupos de trabajo, que permitieron la realización de talleres, tertulias y conversatorios abiertos a toda la comunidad. En sus inicios la asistencia era mínima, debido a la desconfianza entre la comunidad. Algunas personas asistían de manera incógnita: no se identificaban y solamente se limitaban a escuchar lo que se planteaba. En esos grupos de trabajo se seguían los lineamientos de los expertos en solución de conflictos intracomunitarios de la Universidad de Sherbrooke y se contaba con el apoyo de las organizaciones comunitarias de la ciudad, con experiencia en la integración de inmigrantes. Al comienzo de cada taller se enfatizaba que los participantes podían tomar sin temor la palabra, expresar con confianza sus puntos de vista sobre la situación en Colombia y la manera como ésta los había afectado en el pasado y ∕ o lo hacía en el presente.
Igualmente se enfatizaba sobre la importancia de no juzgar a la persona que hablaba ni controvertir su punto de vista. En la medida en que los talleres se fueron volviendo comunes, los participantes comenzaron a sentir confianza y a hablar de aquello que les preocupaba. Estos eventos le ayudaron a muchas personas a tomar conciencia del nuevo contexto en el que vivían y a tomar distancia de su pasado, separando la realidad colombiana, que seguían a través de los medios, del contexto en el que ahora se encontraban. Sobre este aspecto, Lácides Gaviria manifestó:
Las actividades organizadas por ColombiEstrie se convirtieron en una válvula de escape, que ayudó a disminuir la presión interna que vivía la comunidad. Gracias a ellas, muchos comprendieron que debíamos hacer un gran esfuerzo por hacer comunidad y convivir en paz. Gracias a ellas, muchos se dieron cuenta que el momento que se estaba registrando al interior de la comunidad se debía a que muchas personas habían tratado de reproducir aquí el conflicto que se vivía en Colombia y por eso la calidad de la convivencia en el seno de la comunidad colombiana era malsana.
En el marco de esos talleres se desarrollaban actividades culturales donde se daba la palabra al público, se leían poemas y se contaban historias, todo alrededor de un «canelazo». Esta dinámica cordial hacía posible la risa, cuando las historias compartidas tenían connotación jocosa, y la escucha por parte de los otros, cuando eran dramáticas. Al final de cada encuentro había un momento de reflexión, que antecedía al momento de esparcimiento comunitario, haciendo de éste un escenario propicio para compartir y departir sanamente. Siempre se contó con la voluntad y disposición de personas, que querían trabajar en beneficio de la comunidad desde diferentes perspectivas. La cultura siempre estuvo presente y recurriendo a ella se dio paso a la creatividad y a la concepción de nuevas expresiones culturales.
Dos décadas después, ColombiEstrie sigue trabajando en función de la comunidad. Varias personas han estado al frente del Consejo de administración (CA); equipo que se renueva cada dos años, y cada uno a su manera ha hecho posible su continuidad. En 2019, a la celebración de la fiesta del 20 de julio se invitó a todos los entes gubernamentales de la ciudad y se contó con la participación de representantes de las comunidades inmigrantes de aproximadamente 15 países latinoamericanos, que hacen presencia en Sherbrooke. Actualmente, este evento aglutina no solamente a los colombianos, sino a un gran número de personas de la región, que son amantes de las actividades que favorecen la celebración de la diversidad cultural. En el año 2020, en la ciudad fueron canceladas todas las celebraciones debido a la pandemia del Covid-19 y por eso ese año la fiesta no se celebró.
CONCLUSIONES
Antes de la llegada, en 1996, del primer refugiado colombiano a la ciudad de Sherbrooke, en la región de la Estrie habitaban solamente cuatro colombianos: un médico neurocirujano y tres mujeres que se habían instalado en la región en la década anterior, luego de haberse casado con ciudadanos canadienses. En cuanto a los primeros refugiados colombianos relocalizados en Sherbroke, estos llegaron procedentes de México, cobijados por un programa de relocalización de refugiados de las Naciones Unidas.
En lo concerniente a los refugiados procedentes de Colombia, su relocalización en Sherbrooke se dio gracias a un programa humanitario creado por la ONU a mediados de la década de 1990. El objetivo de ese programa era el de proteger a las personas en riesgo. Canadá fue, entre un gran número de países que acogieron refugiados colombianos, uno de los primeros que abrió sus puertas para acoger a las personas, que debían ser relocalizadas con el objeto de proteger su vida.
Entre 1997 y 2011, Colombia formó parte de la categoría de ‘‘país fuente en materia de protección humanitaria’’, categoría que fue creada por el gobierno canadiense para atender a los demandantes de asilo en su propio país de origen. La inclusión de Colombia en dicho grupo hizo posible la venida directamente a la ciudad de Sherbrooke de un gran número de refugiados colombianos, seleccionados en Colombia y apadrinados por el gobierno canadiense. El 7 de octubre de 2011, cuando se puso punto final a esta categoría, Colombia integraba el grupo de 6 países (Colombia, Guatemala, El Salvador, Sudán, Sierra Leona y la República Democrática del Congo), que eran considerados aún como ‘‘países fuente’’, lo cual hacia de su población una población objeto de protección humanitaria por parte del Estado Canadiense.
En 2016, Canadá contaba con 70 035 personas de origen colombiano, de las cuales el 45% había llegado al país en calidad de refugiados. Cabe anotar que de los 75 000 colombianos residentes en Canadá, 25 575 viven en la provincia de Québec y de ellos 10 025 son refugiados. El 9% de los refugiados colombianos, que fueron dirigidos a la provincia de Québec, fue relocalizado en las regiones, particularmente en ciudades como Sherbrooke.
Las fuentes consultadas nos permiten de concluir que la mayoría de la población de origen colombiano residente en la ciudad de Sherbrooke llegó como refugiada, en la década de 2000. Su salida de Colombia se produjo en el marco del conflicto armado colombiano, que los obligó a huir de su país para ponerse a salvo de la violencia desatada por los grupos paramilitares y guerrilleros, así como por actores del Estado y, en general, por grupos al margen de la ley, que operaban en las zonas donde residían.
El grupo inicial de colombianos residentes en Sherbrooke procedía del medio urbano y en él sobresalían los profesionales y estudiantes universitarios. Después del año 2000 comenzaron a llegar mayoritariamente personas de origen rural, proveniente de diferentes regiones del país. Estos refugiados habían sido víctimas de los diferentes grupos armados que existían en ese momento en Colombia, lo que generó enfrentamientos entre los miembros de la comunidad colombiana de la ciudad. Era como si el conflicto que se vivía en Colombia se hubiese trasladado al lugar de acogida. Los altos niveles de conflictividad en el seno de la comunidad se convirtieron, al inicio, en un factor que frenaba su integración.
Además de la desconfianza generada por el origen de la victimización, otro factor que contribuía al entrabe de la integración era la indisciplina e incumplimiento de las normas de la sociedad de acogida por parte de un porcentaje importante de colombianos. Este aspecto generó un ambiente de tensión intracomunitaria e intercomunitaria. En general, un número alto de integrantes de la comunidad no estaba preparado para convivir en un medio multicultural y diverso. En medio de ese contexto de conflicto y desesperanza surgió ColombiEstrie; una asociación comunitaria que se trazó como misión disminuir el clima de tensión que se vivía en el seno de la comunidad, desarrollando actividades que ayudaron a crear confianza en el otro.
Cuando se analizan las estrategias adoptadas por los colombianos para favorecer su integración a la sociedad de acogida, la creación de esta asociación resulta ser la estrategia más eficaz en dicho proceso. Su aparición contribuyó a limar las asperezas en el seno de la comunidad y dotó a los colombianos de un instrumento de interlocución con las autoridades locales y otras comunidades. La consolidación de este organismo se produjo gracias a la implicación comunitaria de un grupo de profesionales y líderes sociales, que en ese momento unió esfuerzos y realizó acciones para que la comunidad colombiana no fuese estigmatizada por la sociedad de acogida. Desde su creación la asociación se dio a la tarea de programar y desarrollar diversas actividades orientadas a fortalecer la convivencia y el buen entendimiento entre los residentes colombianos de la ciudad. Después de 20 años de creada, ColombiEstrie sigue trabajando a favor de los colombianos de la región, escuchando a los recién llegados y orientándolos en su proceso de integración e inserción a la sociedad quebequense.
Finalmente, entre las otras estrategias adoptadas por los colombianos para hacerle frente a las dificultades en materia de inserción a la sociedad de acogida hay dos tipos de estrategias: las de tipo socioeconómico y las de tipo sociocultural. En plano socioeconómico, las personas menos calificadas optaron por la estrategia de volver a estudiar y la mayoría de ellos se inscribieron en las escuelas de formación técnica, para obtener una certificación profesional quebequense y una experiencia laboral local, con el objeto de facilitar su movilidad en el mercado del empleo. Igualmente, muchas personas con formación universitaria retornaron a la universidad con el objeto de profundizar su formación o de reorientar su carrera profesional. En lo que compete a los aspectos socioculturales, las estrategias fueron de diverso orden. La vinculación a los organismos comunitarios locales, para hacer voluntariado, la implicación en la actividad deportiva: el equipo de futbol conformado por colombianos fue rápidamente reconocido en la región, la constitución de grupos de danzas folclóricas y la organización del festejo nacional, haciendo gala de las prácticas festivas colombianas. Esas estrategias se convirtieron en un mecanismo eficaz de re-aproximación con otras comunidades similares y con la sociedad de acogida. Finalmente amerita ser destacado el asunto de los matrimonios mixtos, que favoreció la integración y movilidad social de la población joven y soltera o divorciada. El análisis individualizado de esas estrategias de integración puede ser punto de partida de posteriores investigaciones. Igualmente, el proceso evolutivo y el rol jugado por la Asociación de Colombianos de la Estrie; uno de los organismos comunitarios conformados por colombianos más longevos de la provincia, es un tema que podría ser también objeto de un estudio más profundo.
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Rondeau, J. y Roberge, B. (26 juillet, 2019). Sursis pour la famille Cardona. La tribune. https://www.latribune.ca/2019/07/26/sursis-pour-la-famille-cardona-1f00256f124eb9ce35aea44417537268/
Valdez Correa, B. (27 de febrero de 2021). La mayoría de los exiliados no quiere volver a Colombia: Comisión de la verdad, El Espectador, consultado el 2 octubre de 2021, disponible en https://www.elespectador.com/colombia2020/justicia/verdad/la-mayoria-de-exiliados-no-quiere-volver-a-colombia-comision-de-la-verdad/
Redaction de Radio-Canada. (5 août, 2004,). La famille Borja de nouveau réunie. Redaction de Radio-Canada, consultado el 11 octubre de 2019, disponible en https://ici.radio-canada.ca/nouvelle/191296/borjajeudi
Otras fuentes
Recolección de información dentro del marco de preparación del trabajo de campo previo a la toma de testimonios para La Comisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No repetición (CEV).
La propia experiencia de los autores, quienes participaron a la creación de ColombiEstrie y fueron parte del CA del organismo en sus inicios.
Resumen curricular de los autores
Enoin Humanez Blanquicett
Escritor y periodista. Licenciado en ciencias sociales con énfasis en investigación socio-pedagógica. Ha cursado una maestría en historia, perfil contemporáneo, campo América Latina y el Caribe, especialidad historia de las migraciones, en la Universidad de Québec en Montréal. Desde los años 80 ha estado vinculado a diferentes medios de comunicación, en los que ha trabajado como locutor de radio y reportero independiente, presentador de noticias y creativo publicitario. Desde 2004 sus análisis sobre la actualidad latinoamericana y norteamericana se han publicado en las revistas Semana y Letralia. También ha publicado en El Magazín de El Espectador, el Portal las 2 Orillas y en periódicos canadienses. Autor de un libro de cuentos, publicado en 2023. En la actualidad cursa un doctorado en ciencias de la educación en la Universidad de Sherbroke, en Québec, Canada.
Correo electrónico: enoin.humanez@gmail.com
ORCID: 0009-0000-1619-424X
Reina Victoria Vega V.
PhD en Estudios Urbanos por la Université du Québec à Montréal Canada et Instituto Nacional d’Investigation Scientifique (UQAM-INRS). Investigadora independiente. Asesora de proyectos y tesis de Maestría, UPTC_IGAC, Colombia. Ha adelantado investigaciones publicadas en le site du MEM-Centre des mémoires Montréalaises. Autora del libro: Vega, R. –V. (2019). Le rôle de L’Action communautaire dans l’insertion sociale à Montréal. Entre sus últimas publicaciones se encuentran: Vega, R. –V. y otro. (2022). Migraciones fronterizas: el caso del paso Cúcuta-Ureña en la frontera colombo-venezolana (1990-2020). Revista De Ciencias Sociales, Universidad de Costa Rica (176), 151–168; Vega, R.-V. et autre. (2021). Les artistes latino-américains à Montréal: Le défi de l’intégration, pp. 755-782, en Romina Grana (dir.). Discursos, mujeres y artes. ¿Construyendo o derribando fronteras? Ed. Dykinson, S.L. España, ISBN: 978-84-1377-565-4. Integró el equipo colaborador de la Comisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición, CEV de Colombia en el exilio.
Correo electrónico: reinavg354@gmail.com
ORCID: 0000-0002-0681-8503
[1] Sobre las estrategias adoptadas por los refugiados colombianos para facilitar y potenciar su adaptación a la sociedad de acogida volveremos más adelante.
[2] Para el caso de Vargas Vilas, ver González Espitia (2020), para el caso de Barba Jacob, ver Prieto Mejía (2018) y para el caso García Márquez, ver El País, Madrid (26 marso, 1981).
[3] Para preservar la identidad de las personas que accedieron a ser entrevistadas para documentar este estudio, se ha recurrido al pseudónimo. En ese orden de ideas, todo nombre que aparezca en adelante, corresponde a un pseudónimo, con el que se busca guardar en el anonimato la verdadera identidad del entrevistado.